LA SATURACIÓN ECONÓMICA DEL
BIENESTAR HUMANO
Como es
sabido, buena parte de nuestro bienestar humano se sostiene sobre la
posibilidad que tengamos de cubrir determinadas necesidades materiales;
necesidades que, bajo una economía de mercado, son cubiertas a través del
consumo. Sin embargo, las desigualdades existentes en el mundo hacen que las
oportunidades de llevar a cabo acciones de consumo no sean iguales para todos,
siendo siempre mayores en las naciones más ricas y “desarrolladas”; es decir,
en las naciones con mayor PIB per cápita.
A pesar
de que el PIB ha sido tradicionalmente utilizado para hacer comparaciones
internacionales de progreso social y de bienestar humano, han sido muchos los
investigadores que han criticado esto, preguntándose en qué medida los ingresos
medios de un país pueden realmente reflejar el bienestar humano de sus
ciudadanos. Estas críticas hacia el PIB como indicador de progreso pueden
resumirse en las siguientes: a) al tratarse de una media aritmética no
contempla la desigualdad social; b) no incorpora otros elementos que influyen
mucho en el bienestar como la esperanza de vida, el tiempo de ocio disponible o
la degradación ambiental; c) no contabiliza la producción obtenida mediante el
trabajo sumergido o la que no está contemplada por los mercados (como el
trabajo doméstico o voluntario); y d) computa aspectos que no generan bienestar
(como los gastos militares) a la vez que ignora aspectos que sí lo generan (como
el patrimonio artístico).
Aunque
existen trabajos que discrepan, los estudios realizados hasta la fecha sobre la
relación existente entre los ingresos y el bienestar humano han mostrado cómo a
partir de un determinado umbral (situado entre los
$ 26.000.000
y los $ 38.000.000 anuales por persona) el incremento de los ingresos ya no
contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas (1). Es decir, existe un umbral por encima del
cual la relación ingresos–bienestar desaparece, y a partir de aquí más dinero
ya no significa más satisfacción con la vida.
¿Cuantos colombianos están en
este umbral si el salario mínimo en un año es $7.392.000 y la informalidad
menos del salario mínimo es de 60% de los trabajadores?
No
obstante, es importante resaltar que por debajo de los 13.000 dólares anuales
por persona sí que se da esta relación proporcional entre el PIB per cápita y
la satisfacción con la vida. En este caso pequeños incrementos en la renta
conllevan grandes aumentos en la satisfacción de vida. Es decir, ingresos y
bienestar sí evolucionan de forma paralela, al destinarse en estos casos
prácticamente la totalidad de los ingresos a satisfacer las necesidades más
básicas, que son las que influyen de una forma más determinante sobre nuestro
bienestar (como
es comer cuando la alimentación no es una acción asegurada).
De
cualquier manera, una vez que se han alcanzado unos ingresos determinados,
necesarios y suficientes para garantizar el acceso a los materiales básicos
para una vida buena, el incremento en los mismos ya no lleva aparejado
incrementos relevantes en la calidad de vida. En este caso se pueden incrementar enormemente los ingresos sin que
ello conlleve respuesta alguna sobre el bienestar humano.
Diener y
Seligman calcularon la correlación existente entre la satisfacción media con la
vida y el PIB per cápita para aquellas naciones cuyos ingresos medios eran superiores
a los 10.000 dólares anuales. La correlación que obtuvieron fue insignificante;
lo que confirma el casi nulo efecto que los ingresos tienen sobre el bienestar
humano una vez se han cubierto las necesidades más básicas (2).
Las
naciones más ricas y “desarrolladas” sobrepasaron este umbral de saturación
hace tiempo, pues siendo su ingreso medio anual per cápita bastante superior a
los 13.000 dólares, el bienestar humano y los niveles declarados de
satisfacción subjetiva con la vida no solo no se han incrementado en las
últimas décadas sino que parecen incluso estar descendiendo. Ejemplos de esta
relación han sido bien reportados en algunos países como EEUU y Japón, donde, a
pesar de haberse triplicado entre 1950 y 2002 el salario medio del primero –y
multiplicado por 5,4 en el segundo entre 1958 y 1988– la felicidad declarada
permaneció prácticamente constante en ambos países
La asunción por parte
del actual modelo hegemónico de que el crecimiento de la economía y su asociada
capacidad de consumo es la clave para mejorar nuestro bienestar es una gran
falacia. Esta falacia constituye además
uno de los mayores obstáculos para alcanzar un bienestar humano sostenible y
bien repartido en el mundo, pues a medida que determinadas naciones se hacen más
y más ricas no solo no logran mejorar su bienestar, sino que encima –y bajo una
realidad planetaria de recursos finitos e inequidad– contribuyen a un aumento
en la privación de recursos para el resto del mundo.
Por todo ello, aspirar
hoy a lograr un mundo mejor significa trabajar por que las naciones más ricas
reduzcan su opulencia aceptando estilos de vida menos ambiciosos y
derrochadores en aras de la felicidad global, la sostenibilidad ecológica y la justicia
social
Notas: Mateo Aguado es Investigador
del Laboratorio de Socio-Ecosistemas de la Universidad Autónoma de Madrid
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